Autor: Redes 8 mayo 2011

El cuatro de mayo por la tarde lo pasé con unas doscientas cincuenta alumnas adultas en el Establecimiento Penitenciario de Mujeres Madrid I de Alcalá Meco. Lo que saltaba a la vista eran jirones de vidas ajadas, quejidos de obligadas ausencias, ecos de libertades perdidas, amargos borbotones de sentimientos y amores. También, un cierto optimismo al constatar que el pasado fue peor, mucho peor, que el presente.

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