Autor: Redes 8 agosto 2010

A partir de 1959 fui exiliado político en Ginebra y París un par de años y luego ocho en Londres, donde me ofrecieron trabajo, estudios y afecto. Hacía poco tiempo que Manolo López, abogado laboralista e hijo de panadero, le había recordado a Jorge Semprún –Federico Sánchez por el nombre que lo conocíamos entonces en la clandestinidad– que “Eduard seguía preocupado por su vida dedicada de lleno al Partido Comunista en Madrid, sin tiempo para prepararse académicamente para el futuro”. La respuesta lógica de Federico Sánchez fue decirle a Manolo López que “Eduard esperara unos tres años y luego podría estudiar en la universidad soviética que prefiriera”.

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