Autor: Redes 8 Noviembre 2009

He estado en Washington unos días para analizar los logros tecnológicos de una empresa, española de origen, pero americana a todos los efectos, incluidos los bursátiles. La empresa en cuestión detectó un potencial tsunami en Nueva Zelanda y otro en el mar de Tasmania. Es exactamente lo contrario de lo que ocurría hace 36 años cuando abandoné Estados Unidos para regresar a España. La proeza de la empresa española de la que estoy hablando era inimaginable entonces: las nuevas tecnologías iban exclusivamente en la dirección opuesta. Todo venía de fuera, incluidas las televisiones, las camisas de colores y las neveras.

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