De entre lo necesario para emprender un largo viaje a Marte, de un año de duración, no hay que obviar la vertiente humana. Confinar en una tripulación a las cuatro paredes de una nave espacial y mantenerla a pensión completa durante todo ese tiempo plantea una serie de retos logísticos y psicológicos. Para hacer ese viaje más llevadero y ahorrar recursos, toneladas de carga y posibles conflictos, se plantea la única posibilidad de que tal odisea se realice en sueños, es decir, durmiendo. ¿Es eso posible?
El neurocientífico Francisco Mora lo discute este mes en el número 27 de la revista Redes para la Ciencia desde una perspectiva biológica, de acuerdo con el conocimiento actual. No te pierdas el reportaje «Un año durmiendo y al despertar… ¡Marte!». Pide la revista en tu kiosco o suscríbete a través de este enlace.

Los tripulantes de la nave USCSS Nostromo despiertan tras un lagro viaje, en «Alien, el octavo pasajero», de Ridley Scott (1979).




