Cuando nos metemos en la cama cada noche a la búsqueda de nuestro merecido descanso, el cerebro no para quieto; solo reduce su actividad un 20% con respecto al estado de vigilia. ¿En qué invertirá el 80% restante? Entre otras cosas, el cerebro dedica parte de su actividad nocturna a jugar con nuestras emociones y a dar rienda suelta a nuestra imaginación creando situaciones de lo más surrealista e inverosímil. ¿Cómo lo hace? Por medio de los sueños (y de las pesadillas).
Si quieres conocer para qué nos pueden servir los sueños, cuál es la importancia de su significado o qué mecanismos fisiológicos se esconden tras nuestra actividad onírica, no te pierdas el reportaje ¿Para qué sirve soñar? del número 5 de la revista Redes para la ciencia.

Salvador Dalí, uno de los máximos exponentes de la pintura surrealista y del arte más onírico, posa para el fotógrafo Philippe Halsman en esta estrambótica instantánea de 1948 (imagen: Wikimedia Commons).






