Lo que muchos llaman las causas de la crisis, no son sino las consecuencias: la depresión económica generalizada, el imperio inalterable del dogma, el choque de civilizaciones, la erosión y destrozos causados al medio ambiente, la próxima extinción de fuentes energéticas basadas en el carbón, la proliferación nuclear, el impacto sanitario de la contaminación o, más importante aún, el desorden educativo.
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