Autor: Redes 29 marzo 2011

Redes para la ciencia: Marcados por la testosteronaDesde el principio hasta el fin de nuestras vidas, las hormonas sexuales marcan nuestro comportamiento. En el caso de que el material genético del ser que se está gestando contenga el cromosoma Y, al cabo de unas semanas de la fecundación se empieza a producir una hormona llamada testosterona, cuya acción marcará el desarrollo del individuo de sexo masculino para el resto de su vida y lo que también condicionará el cerebro de esta persona.

El reportaje El cerebro masculino, en el número 13 de la revista Redes para la ciencia, nos da a conocer lo que los científicos han descubierto acerca de las particularidades del cerebro de los hombres y cómo las hormonas influyen en su desarrollo y, en consecuencia, en su comportamiento. Pide la revista en tu kiosco para leer el artículo o suscríbete aquí para recibir los ejemplares en casa.

El género masculino, durante el desarrollo embrionario, se determina tras unas semanas de gestación (imagen: usuario de Flickr).

Autor: Redes 30 julio 2010

revista Redes para la Ciencia nº 5El cromosoma Y es el elemento que determina el género masculino en la mayoría de mamíferos. Algunos científicos piensan que tras su historia evolutiva, el cromosoma Y en humanos se encuentra en pleno declive y ello repercute, por ejemplo, en la fertilidad masculina. Estos expertos incluso piensan que a largo plazo, transcurridas decenas de miles de años, dicho declive podría arrastrar consigo el género masculino a desaparecer.

Sobre este tema trata el reportaje ¿Está el hombre condenado a desaparecer?, publicado en el número 5 de la revista Redes para la ciencia. En él se plantean los motivos que han llevado a ciertos científicos a proyectar un oscuro futuro para el cromosoma Y.

Pese a sus proporciones perfectas, el hombre de Vitrubio, de Leonardo da Vinci, contiene el desdichado cromosoma Y en su genoma.

Autor: Redes 4 julio 2010

Siempre pensé que los tacones altos en las mujeres se asemejaban a la ceremonia de elevar a los altares a las que decidían usarlos. Me seducía el rechazo de la aceptación servil de la realidad fisiológica cuando imponía una determinada estatura. Y, sobre todo, llevar tacones altos equivalía a una operación estética –ésta sí de gran envergadura–, como alterar la estatura de una persona sin tocar para nada su anatomía. Ya sé; el uso prolongado de los tacones provoca cierto desgaste muscular, pero, al igual que ocurre con los semáforos o los interruptores, hay unas veces que están activados y otras, parados o de color distinto. No pasa nada.

Ver entrada completa y comentarios en el blog de Eduard Punset