Imagina vivir en una película de aquellas en blanco y negro. Métete en la piel de uno de sus personajes, inmerso en la escala de grises, hastiado por ello pero, al mismo tiempo, incapaz de plantearse apenas la existencia de otras gamas cromáticas. Para este personaje, el rojo es gris y el verde, también pero no tanto; para él, los matices pueden ser cruciales. ¿Te has puesto ya en su piel? Bien, pues ahora imagínate que un día, de repente, de la noche a la mañana, se inventa el color y este inunda de una explosión todo lo que te rodea. ¿Te imaginas lo abrumador de vivir semejante experiencia?
Ver entrada completa y comentarios en el blog de Eduard Punset




