Cuando nos metemos en la cama cada noche a la búsqueda de nuestro merecido descanso, el cerebro no para quieto; solo reduce su actividad un 20% con respecto al estado de vigilia. ¿En qué invertirá el 80% restante? Entre otras cosas, el cerebro dedica parte de su actividad nocturna a jugar con nuestras emociones y a dar rienda suelta a nuestra imaginación creando situaciones de lo más surrealista e inverosímil. ¿Cómo lo hace? Por medio de los sueños (y de las pesadillas).
Si quieres conocer para qué nos pueden servir los sueños, cuál es la importancia de su significado o qué mecanismos fisiológicos se esconden tras nuestra actividad onírica, no te pierdas el reportaje ¿Para qué sirve soñar? del número 5 de la revista Redes para la ciencia.
Salvador Dalí, uno de los máximos exponentes de la pintura surrealista y del arte más onírico, posa para el fotógrafo Philippe Halsman en esta estrambótica instantánea de 1948 (imagen: Wikimedia Commons).
Los griegos y romanos habían intuido mucho antes que nosotros que la mente sana es el subproducto de un cuerpo sano, pero no habían podido demostrarlo. Hoy, afortunadamente, contamos con numerosas pruebas experimentales que nos han convencido de que el cuidado de la salud física produce una mejor salud mental. Las horas pasadas en el gimnasio no sólo desarrollan los músculos, sino la memoria; un cuidado diario de la dieta –el otro soporte de la salud– mejora el ánimo y la capacidad cognitiva.
Terminó el curso escolar. Irrumpió el verano después de un invierno feo con ganas. Es el momento de pararse a reflexionar un poco sobre lo aprendido y desaprendido este curso. Lo hemos hecho siempre, aunque muchas veces sin saberlo: camino de la playa, del país virgen hacia el que me dirijo para aprender idiomas, del trabajo transitorio y espasmódico que me renta algo de dinero para hacer luego lo que quiero.
Diversos estudios apuntan hacia los lóbulos parietal y temporal del cerebro humano como agentes implicados en ciertos estados alterados de la conducta: sensación de ingravidez, experiencias místicas, apariciones marianas, abducciones, viajes astrales, alucinaciones… Anabel Herrera repasa en el número 4 de la revista Redes para la ciencia los experimentos que están permitiendo desentrañar qué sucede en el cerebro para que se alcancen dichos estados.
El reportaje ¿Está Dios en el cerebro? habla de experimentos diseñados con el fin de hallar las bases neurofisiológicas de estos estados, como el realizado con monjes budistas durante la meditación o con monjas franciscanas en momentos de profunda oración contemplativa, o el ensayo con más de 900 personas con las que se puso a prueba el denominado “casco de Dios”.
La Creación de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina del Vaticano, retocada por un usuario de la comunidad Flickr.
¿Cuántas veces hemos sentido los ojos de alguien en nuestra nuca? ¿O cuántas hemos oído la certeza que tienen muchos cónyuges de sentir la presencia de la persona amada cuando hace poco tiempo de su fallecimiento? Son creencias o supersticiones, y el cebrero, debido a su evolución, trata de buscarles explicación y sentido. En el último número de la revista Redes para la Ciencia, los científicos Bruce Hood y Sam Harris nos dan dos perpectivas opuestas sobre el tema.
En la historia de la evolución resulta que la manada recurre siempre a los jóvenes para liderarla en tiempos de crisis. Y no me extraña. Las crisis no son el mejor momento para recurrir a los mayores; a ellos les desconcierta lo inesperado y no les gusta arremangarse para cruzar el río. Como es lógico, la experiencia de los años les ha producido la sensación de que podían prever los acontecimientos; sabían –porque se lo mostraba la repetición de eventos del pasado que habían tenido tiempo de vivir– que causas parecidas acarreaban consecuencias sabidas. Ahora bien, una crisis, si es una crisis de verdad, es imprevisible. Los cisnes negros desconciertan. Los cisnes son blancos.
¿Recordáis haber tenido una situación en la que el tiempo pareciera discurrir a una velocidad diferente? Si habéis sufrido un accidente de tráfico, por ejemplo, ¿sentisteis que los hechos pasaban muy lento? Y cuando disfrutáis de unas buenas vacaciones, ¿cuán de rápido pasa el tiempo?
El tiempo, o mejor dicho, nuestra percepción del tiempo, es maleable y cambiable. En el segundo número de la revista Redes para la Ciencia, encontraréis las respuestas a la diferente percepción del tiempo.
Curioso. Hay cosas que damos por descontado, como que todo el mundo ve la realidad igual que nosotros. Todos contemplamos el esplendor rojizo de una puesta de Sol sin ser conscientes de que el color rojizo varía según los casos; todos oímos un sonido determinado, sin darnos cuenta de que algunos ven, al mismo tiempo, un color vinculado al sonido; todos vemos el universo, pero no todos percibimos la visión estereoscópica; es decir, la dimensión en profundidad. Admitimos más fácilmente que no todos experimentamos lo mismo cuando acariciamos un cuerpo querido.
Al parecer, las investigaciones más recientes apuntan a la cultura como el único atributo que nos distingue del resto de los animales; no es que ellos no tengan cultura, sino que la nuestra es distinta. La cultura de los humanos se caracteriza por el “efecto trinquete”; es decir, no cabe la marcha atrás ni el olvido y todo nuestro conocimiento es acumulado.
Por favor, active Javascript y Flash para poder ver el vídeo Blip.tv.Redes 56: “Mentes conectadas sin brujería”. Fechas de emisión: 18 y 21/04/10.
Desde cómo aprendemos a hablar, a escribir o a conducir, hasta por qué se revuelve nuestro interior cuando vemos el sufrimiento de otra persona… siempre están detrás las neuronas espejo, uno de los grandes descubrimientos de las últimas dos décadas. Podríamos verlas como una red invisible que une a todos los seres humanos entre ellos y con sus predecesores, al permitir la conexión entre las mentes y la transmisión de conocimiento y cultura mediante el aprendizaje. Junto al neurocientífico Marco Iacoboni, de la Universidad de California, Eduardo Punset repasará los fantásticos poderes de las neuronas espejo.
Actualización del 19/4/10:
Entre los comentarios de la entrada, varias personas han hablado sobre el efecto contagioso del bostezo. En este post del primatólgo Pablo Herreros, podéis ampliar este tema tan interesante.