Somos parte de la excepción. De las aproximadamente 4.000 especies de mamíferos que habitan la Tierra, solo unas cuantas forman vínculos de monogamia social y sexual. Infidelidades aparte y salvando también algunos casos de poligamia, la humana es una de estas especies. ¿A qué se debe este comportamiento social en un número tan reducido de especies? A ojos de la evolución, ¿supone algún tipo de ventaja optar por la monogamia?
David P. Barash, profesor de psicología de la Universidad de Washington, explica ¿Para qué sirve la monogamia? con el ejemplo de tres especies de mamíferos, en el número 6 de la revista Redes para la ciencia.

Una pareja de titís pigmeo, una especie de primate cuyos individuos apenas alcanzas los 18 centímetros de estatura pero que muestran un comportamiento monógamo (imagen: usuario de Flickr).

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Cuando nos metemos en la cama cada noche a la búsqueda de nuestro merecido descanso, el cerebro no para quieto; solo reduce su actividad un 20% con respecto al estado de vigilia. ¿En qué invertirá el 80% restante? Entre otras cosas, el cerebro dedica parte de su actividad nocturna a jugar con nuestras emociones y a dar rienda suelta a nuestra imaginación creando situaciones de lo más surrealista e inverosímil. ¿Cómo lo hace? Por medio de los sueños (y de las pesadillas).
