La vida en pareja tiene una explicación meramente evolutiva: fue el resultado de una contradicción que parecía insoluble; el crecimiento paulatino del tamaño del cerebro del feto en una época –hace dos millones de años– en que el homínido se empieza a poner de pie fue, desde un punto de vista energético, un avance fabuloso, pero, desde un punto de vista fisiológico, acarreó un estrechamiento de la pelvis.
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