Valdría la pena meditar unos minutos sobre los errores cometidos y los éxitos conseguidos en la negociación con los socios de la Unión Europea. La negociación ha tenido lugar en las peores condiciones imaginables: cada día que pasaba sin un acuerdo teníamos que pagar un precio mayor por nuestra deuda en los mercados internacionales sabiendo, como sabíamos, que no nos iba a dar tiempo a negociar pautas de conducta nuevas, que iba a costar años conseguir su aprobación en todos los estamentos constitucionales europeos.
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