No es que no me guste; normalmente es que no me apetece. Hay gente que se pasa la vida hablando todo el rato de sí mismos en lugar de limitarse a relatar lo que les pasa a los demás. «¿Está probado?», acabo interrumpiendo a los que no se cansan de hablar de uno mismo. «¿Qué dice este?», contestan. Ni se les ocurre que, por decirlo, ellos también debieran probarlo.
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