A veces la contaminación acústica es tan ofensiva y brutal –sobre todo si se tiene en cuenta que la mayor parte de la población española es mayor y, por lo tanto, tiene los oídos delicados– que no tiene perdón de Dios la inhibición de las autoridades ante esta ofensa al común de los ciudadanos.
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6 agosto 2011 a las 3:46 am
muy bueno profundamente reflexivo por mucho tiempo he abrazado el modelo clasico de la educacion por que me toca ser maestra no por vocacion sino porque me toca y despues de esto he cambiado radicalmente de pensamiento ahora miro desde otra optica a la educacion gracias excelente
7 agosto 2011 a las 3:08 pm
Estoy completamente identificada con el problema de la contaminación acústica, el ruido que tapa todo en los momentos incluso que mas deseamos tranquilidad y calma, dificulta la concentración y la conversación inteligente. Creo que así como se habla de contaminación visual en la carretera que aumenta el riesgo de accidentes, la contaminación acústica y su persistencia daña nuestro cerebro. Desde el volumen de las películas en el cine, hasta la música potente en algunos comedores, impiden el disfrute de momentos especiales, para nombrar un daño pequeño como ejemplo.