¿En qué hemos cambiado después de tanto viaje, sol y alboroto? Está a punto de terminar el verano. Una hija mía acaba de llamar desde Birmania pidiéndome que le transmita a una hija suya de 11 años –ella está ahora, por ruletas veraniegas, en Boston, EE.UU.– que no la puede llamar porque en aquel país no hay móviles. Cuando encuentre un centro de Internet le enviará un mensaje.
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