Es cierto que el cerebro –escondido y a oscuras en el interior del esqueleto– no sabe a ciencia cierta el motivo por el que se siente súbitamente amenazado: ¿se trata de un mamut lanudo, una congestión de tráfico o un estrés mental exagerado? El hecho es que los mecanismos para hacer frente a la ansiedad se ponen en marcha; aunque no de la misma manera para todo el mundo.
Ver entrada completa y comentarios en el blog de Eduard Punset


