Autor: Redes 1 mayo 2016

Todos, hasta la más dulce abuelita, escondemos un yo malvado. Si alguien ha sabido estudiar y sacar a la luz nuestra faceta más perversa, ese es Philip Zimbardo. El gran psicólogo neoyorquino saltó a la fama en 1971 con su experimento de la prisión de Stanford, donde recluyó a un puñado de estudiantes universitarios de clase media a quienes asignó roles de carcelero o de prisionero.

En pocos días mostraron comportamientos extremos: abusivos y violentos, los guardias; profundas crisis emocionales, los prisioneros. El experimento se le fue de las manos y tuvo que abandonarlo en solo seis días, ocho antes de lo previsto.

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Autor: Redes 20 marzo 2016

Ha estado cerca de alcanzar su sueño: ver el mundo a través de los ojos de los chimpancés, con los bonobos, nuestros parientes más cercanos. Si alguien en este mundo ha convivido tiempo con estos animales, si alguien sabe qué sienten y comunican, esa es Jane Goodall. «El lenguaje corporal no verbal es el mismo para los chimpancés que para nosotros: los mismos gestos y las mismas posturas en un mismo contexto», me reveló cuando la conocí en Cambridge hace una década.

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Autor: Redes 31 enero 2016

Uno de nuestros grandes científicos, el bioquímico Joan Oró, me dijo un día: «Eduardo, las cosas van a cambiar; cuando la gente mire la Tierra desde fuera, la mentalidad cambiará». Pasaron años y las imágenes de la Tierra desde el espacio inundaban los medios de comunicación, pero no parecía atisbarse tal cambio de mentalidad. Y James Lovelock tampoco lo percibió en aquel momento. «Aún no hemos hecho suficiente daño a la Tierra para darnos cuenta de lo maravillosa que es», me dijo en respuesta al comentario de Oró.

Pero Oró no iba tan desencaminado: a principios de los años sesenta, James Lovelock recibió una invitación de la NASA para buscar señales de vida en otros planetas de nuestro sistema solar. Y no fue hasta entonces, hasta que centró toda su atención en el espacio, cuando adoptó una visión externa de la Tierra. Fue entonces cuando Lovelock experimentó en sus carnes el cambio a que se referiría Oró décadas más tarde.

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James Lovelock en el 2005 (imagen: Bruno Comby / Wikimedia Commons).

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Autor: Redes 15 noviembre 2015

“¡No veo nada, no me diga que me fíe de la intuición, porque no veo nada!”. Lo exclamaba un hombre ciego. Alguien que perdió su visión tras sufrir un par de infartos y que replicaba a la neurocientífica Beatrice de Gelder la recomendación de dejarse llevar por su inconsciente. Tenaz, de Gelder se salió con la suya e hizo caminar a ese hombre invidente a lo largo de un pasillo repleto de obstáculos: sillas, cajas, papeleras… Los sorteó todos, no tropezó con ninguno, ni a la ida ni a la vuelta.

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Autor: Redes 28 junio 2015

Es tan mezquino como innato. El método más eficaz –que no recomendable– para liberarnos de la ansiedad es pasársela a otro. Me lo dijo Robert Sapolsky hace años, ante mi asombro. Estresar a otro, hacer que se sienta mal, nos sosiega y, pese a que afortunadamente los humanos gozamos de convicciones morales para frenar una actitud tan canalla, se practica bastante; demasiado. Según Sapolsky, «se trata de algo muy típico de primates, una respuesta común que hace que el mundo sea mucho peor».

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Robert Sapolsky (imagen: Vimeo).

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Autor: Redes 17 mayo 2015

Tuve la fantástica oportunidad de entrevistar a John Ellis para Redes en 2008. Por aquel entonces estaban construyendo el gran colisionador de hadrones (el LHC), el mayor experimento científico jamás realizado, con el objetivo de conocer lo más minúsculo, el esquivo bosón de Higgs, que explicaría la masa de los ladrillos fundamentales de la materia. Siete años después, esta vez en Madrid, nos hemos vuelto a encontrar. Lo que entonces fue un reto ahora empieza a ser historia.

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John Ellis en acción (imagen: Claudia Marcelloni / CERN).


Autor: Redes 12 abril 2015

Hace no mucho, para estar formado, se requería saber de una sola cosa pero en profundidad. Si salía de por medio una nueva disciplina, era mejor olvidarse y ahondar en el conocimiento requerido y bien especificado. La enseñanza equivalía a lo que padres y abuelos se habían empeñado en enseñar a sus hijos. Para ser un buen abogado, había que estudiar todo tipo de derecho, siempre y cuando se tratara solo de derecho. Para ser un buen científico, ocurría algo parecido.

Se era un buen biólogo cuando se sabía cómo operar con el genoma; pura biología. Hoy en día, a los grandes biólogos, como Sebastian Seung, les gusta definirse como neurocientíficos computacionales.

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Autor: Redes 22 marzo 2015

¿A quién se le ocurriría, como a Javier de Felipe Oroquieta, escribir un libro científico de unas 540 páginas –en letra pequeña-, y a mí pensar que el público no querría otra cosa que seguir mi consejo y leerlo ahora mismo?

Lo siento pero, esta vez, casi todos mis lectores mensuales tendrían razón si se empeñaran en leer solo lo que yo les digo. ¿Por qué? Sencillamente, porque de Felipe nos ofrece la oportunidad única de entender, por primera vez, todos los mecanismos biológicos que subyacen en la actividad mental de los humanos y del resto de animales.

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Neuronas según Santiago Ramón y Cajal (imagen: The Beautiful Brain).

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Autor: Redes 15 febrero 2015

Piensen por un momento en todos los quehaceres cotidianos que realizan sin apenas prestar atención: caminar, conducir, darse una ducha… Guiados por un piloto automático, nos dejamos llevar, pues sabemos que el resultado de estas acciones suele ser bueno. ¿Alguien se ha preguntado quién demonios toma las riendas de estas acciones tan poco premeditadas?

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Autor: Redes 13 enero 2015

Cada vez más científicos sugieren que a los humanos nos domina la intuición y no tanto la razón, y que el cerebro se las apaña para hacernos creer que controlamos nuestras acciones, cuando en realidad no es exactamente así. Tali Sharot es uno de ellos. Guiada por sus investigaciones, sostiene que vivimos inmersos en tres ilusiones que nos pintan el mundo de color rosa. Veámoslas.

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